miércoles, 17 de marzo de 2021

La esquizofrenia como detonador en el comportamiento de los futuros asesinos seriales

 



Una de las enfermedades mentales más desconcertantes es la esquizofrenia.

Esta consiste en un conjunto de alteraciones cerebrales que distorsionan los pensamientos, las emociones y el comportamiento; y puede provocar alucinaciones auditivas, delirios, angustia, insomnio, además de una conducta repetitiva y un comportamiento agresivo.

Es gracias a este último por el que se asocia la esquizofrenia como una de las causas principales por las cuales las personas que padecen esta enfermedad cometen crímenes, especialmente los denominados asesinatos seriales.

 

Es necesario aquí definir que un asesino serial es aquel que mata por lo menos en tres ocasiones con un intervalo entre cada asesinato. Los asesinos seriales suelen ser personas muy formadas, muy lúcidas, que cometen sus crímenes siguiendo un patrón determinado.

Pero en su conducta pública son seres humanos completamente normales, al menos en lo que se alcanza a percibir, la realidad es que cualquiera puede ser un asesino serial, (al menos así lo creo yo) ; además también cualquiera puede ser víctima de ellos (eso es un hecho).


Aquellos que padecen de esquizofrenia, tienen trastornos psicopatológicos que invaden todas las áreas de la personalidad, así observamos alteraciones en el pensamiento caracterizado por disociación e incoherencia, representando las ideas delirantes.

Estas, se traducen en delirios de grandeza, de invención de celos, místicos, de persecución, estos sin lugar a duda son los de mayor peligro ya que el individuo siente que “debe” defenderse de los que lo espían o lo controlan.

Además de presentar graves problemas de memoria, o una marcada amnesia como consecuencia también del delito, no recuerda, no reconoce.

Esta pérdida de memoria está vinculada asimismo a la desorientación que puede llegar a tener con relación al tiempo y al espacio en el que se encuentran.

La incidencia de la esquizofrenia en los asesinos seriales es de la misma proporción que la del resto de las personas comunes y corrientes. La mayoría de estos criminales esquizofrénicos pueden resistir las agresivas órdenes provenientes de sus alucinaciones, aunque es muy frecuente que estos presenten una doble personalidad, la cual usualmente toma el control de la situación a la hora en que el sujeto comete sus crímenes. (Este parecía ser el caso de David Berkowitz, el personaje protagonista de nuestro noveno capítulo).

 


Existen varios tipos de comportamientos criminales esquizofrénicos:

 

•  Simple: El individuo se va apartando lentamente de sus actividades y del contacto con las demás personas, comienza a disminuir su rendimiento, efectivamente disminuye su resonancia afectiva, pierde interés en las cosas, la actividad tiende a ser escasa. El crimen, especialmente en el adolescente, señala el desencadenamiento de un proceso mental más profundo y grave.

 

•  Hebefrénico: En estos casos el comienzo es brusco, agudo en sus reacciones y la desorganización de la personalidad y el deterioro es más rápido. Impulsividad extrema,comportamiento infantil, alucinaciones, ideas delirantes, pensamientos incoherentes y acentuados rasgos regresivos.

 

•  Catatónico: Se caracteriza por perturbaciones en el control de movimiento y por el pasaje de una etapa depresiva al estupor y excitación. En la primera etapa, el individuo permanece quieto, existe un negativismo marcado, indiferencia frente a los estímulos, falta de interés, llega a perder todo control. En la segunda, existe un total aislamiento y un proceso regresivo con pérdida del sentido de la realidad.

 

•  Paranoide: La sintomatología principal de este síndrome son las ideas persecutorias y delirios que se van estructurando y se transforman en delirios sistematizados. Existen alucinaciones y trastornos afectivos como consecuencia de la conflictiva interpersonal. Es una personalidad fría, retraída que reacciona por mínimos estímulos.


Redacción:

Baldra Torres

sábado, 20 de febrero de 2021

La influencia de "Pogo el payaso" en los copycats

 



Los payasos y personajes parecidos han existido durante miles de años.

Históricamente, los bufones y los payasos han sido un vehículo para la sátira y para burlarse de las personas poderosas.

Proporcionaron una válvula de seguridad para desahogarse y se les concedió una libertad de expresión única, siempre que su valor como animadores supere la incomodidad que causaron a los superiores.

Los bufones y otras personas ridiculizadas se remontan al menos al antiguo Egipto, y la palabra inglesa "clown" apareció por primera vez en el siglo XVI, cuando Shakespeare usó el término para describir personajes tontos en varias de sus obras.

El ahora familiar payaso de circo, con su rostro pintado, peluca y ropa de gran tamaño, surgió en el siglo XIX y solo ha cambiado ligeramente en los últimos 1500 años.

“El mito” del payaso malvado tampoco es nada nuevo. En 2016, escritor Benjamin Radford publicado "Payasos Malos,” En el que traza la evolución histórica de los payasos hasta convertirse en criaturas impredecibles y amenazantes.

La personalidad del payaso espeluznante realmente se hizo realidad después del asesino en serie John Wayne Gacy fue capturado.

En la década de 1970, Gacy apareció en las fiestas de cumpleaños de los niños como "Pogo the Clown" y también pintó con regularidad dibujos de payasos. Cuando las autoridades descubrieron que había matado al menos a 33 personas, enterrando a la mayoría de ellas en el sótano de su casa en los suburbios de Chicago, la conexión entre los payasos y la peligrosa conducta psicopática quedó fijada para siempre en el inconsciente colectivo de los estadounidenses.

 

Luego, durante varios meses en 2016, payasos espeluznantes aterrorizaron a América.

Surgieron informes de al menos 10 estados diferentes. En Florida, payasos diabólicos fueron vistos acechando al lado de la carretera. En Carolina del Sur, según los informes, los payasos intentaban atraer mujeres y niños al bosque.

No está claro cuáles de estos incidentes fueron historias de payasadas y cuáles fueron intentos de secuestro realmente amenazantes. No obstante, los perpetradores parecen estar aprovechando el pavor primordial que muchos niños, y más que unos pocos adultos, experimentan en presencia de payasos.

Y es aquí en donde entramos en terrenos más interesantes…

 

El fenómeno de “efecto de imitación” o copycat comenzó a conocerse y a reconocerse a raíz del auge que tuvieron determinadas obras cinematográficas que trataban este asunto. Entre ellas destaca la película Copycat, de 1995, protagonizada por la actriz Sigourney Weaver. Ésta narra la historia de una experta en psicología criminal y asesinos en serie, quien es atacada por un asesino llamado Daryll Lee Cullum.

Esto provoca en la protagonista un miedo a salir de casa (agorafobia), por lo que queda recluida. Durante este período sucede una serie de asesinatos y ella se da cuenta de que el homicida está imitando a otros asesinos anteriores. Pero no nos desviemos del tema. (De esta muy recomendable película nos podremos ocupar en otro momento).



Como les decía; Tras el éxito rotundo de este tipo de películas, comenzó a analizarse en profundidad este concepto, pero no desde un punto de vista criminológico y psicológico, sino que se tomó como algo irreal que únicamente ocurría en el cine. Sin embargo, como se ha podido apreciar a lo largo de la historia criminal, esto no es así, ya que existen asesinos reales que imitan a otros por diversos motivos, . Por lo tanto, en esta nota podemos abogar por analizar el “efecto de imitación” desde un punto de vista criminológico y dejar aparte el tinte sensacionalista con el que se ha tratado, sobre todo en los medios de comunicación, para así dar a conocer una visión general de este concepto y el impacto que tiene en la realidad.

En el caso de los copycats o imitadores de John Wayne Gacy, existía el furor por la dualidad y ambivalencia psicológica del personaje de “Pogo”. Que tuvo desde luego su auge y su decadencia.


Pero ustedes nunca se preguntaron, ¿la razón por la que este asesino en serie eligió a un payaso como una de sus personalidades o alter ego?

Yo sí, muchas veces…

La psicología puede ayudar a explicar por qué los payasos, los supuestos proveedores de chistes y bromas, a menudo terminan enviando escalofríos por nuestras espinas.

Rami Nader es un psicólogo canadiense que estudia la coulrofobia, el miedo irracional a los payasos. Nader cree que las fobias a los payasos son alimentadas por el hecho de que los payasos usan maquillaje y disfraces que ocultan sus verdaderas identidades y sentimientos.

Esto es perfectamente consistente con la hipótesis de que es la ambigüedad inherente que rodea a los payasos lo que los hace espeluznantes.

Parecen felices, pero ¿lo son realmente? Y son traviesos, lo que pone a la gente en guardia constantemente.

Las personas que interactúan con un payaso durante una de sus rutinas nunca saben si están a punto de recibir un pastel en la cara o de ser víctimas de alguna otra broma humillante. Las características físicas altamente inusuales del payaso (la peluca, la nariz roja, el maquillaje, la ropa extraña) solo magnifican la incertidumbre de lo que podría hacer el payaso a continuación,

Ciertamente hay otro tipo de personas que nos asustan. Puedo tener una lista que superan los dedos de mis manos.

Como sea, la influencia que John Wayne Gacy ejerció sobre los psicópatas iniciados (o en potencia), sigue persistiendo después de décadas.

 

 Redacción: Baldra Torres

 

 

sábado, 13 de febrero de 2021

Ted Bundy ( Y la pregunta que seguimos sin responder después de tantos años)

 



Desde la cultura griega hasta nuestros tiempos hemos formado, transformado y evolucionado en nuestra forma de vincularnos con el mundo y con el otro por medio de la palabra y del discurso.

Desde una perspectiva filosófica se podría afirmar que el “Otro” es todo aquello que nos excede y al mismo tiempo nos constituye, y desde una perspectiva psicoanalítica lacaniana, se podría afirmar que el “Otro” es el discurso, la palabra, el acto, los gestos, la intención y… En esa intención es donde entra la categoría de Asesino Serial.

Ted Bundy mató a treinta y seis chicas hasta su última detención, la que culminó en su pena de muerte, condenado a la silla eléctrica, el 24 de enero de 1989.

Fue un claro ejemplo de un psicópata con fachada perversa. Encantador, elocuente, inteligente, un candidato indiscutible al éxito y un hábil manipulador.

Dedicó su vida a conseguir su goce y adjudicó la culpa a lo ajeno, en su caso a la pornografía.

Su gran capacidad para fingir ser un ciudadano modelo lo llevó a matricularse en varias universidades, consiguiendo grandes méritos en ellas. Militó en política y trabajó como voluntario en una línea de ayuda a mujeres, formó pareja en dos ocasiones, con chicas jóvenes y hermosas.


Ted, fingió ser un individuo socialmente destacado y elocuente hasta el día de su juicio.

De aquí partimos para situar a este personaje en uno de los mejor situados en los niveles de maldad, de la que nos hablan en uno y más programas y series de televisión.

Dicen que las apariencias engañan. Esta máxima que , no por repetida hasta el hartazgo abandona ese cetro de la sabiduría popular que la ha eternizado.

Este enero pasado se cumplieron  32 años de la ejecución de Ted Bundy en la silla eléctrica, ese joven apuesto que se convirtió en uno de los mayores asesinos seriales de los Estados Unidos sin acarrear ningún rasgo que denotara su temible condición.

Sabemos que fue un buen camuflaje para cometer el horror. Se sabe, pues, que  el hábito no hace al monje, (otra vez retomamos el refrán popular).

Pero…¿Cuál es el rol de la “psique” de un reo con un prontuario confeso que incluye el asesinato de más de treinta mujeres?.

Bundy se llevaba muy bien con cada una de esas aseveraciones instaladas que hacen al patrimonio del argot popular que siempre esconde una buena dosis de verdad. 

Apariencia intelectual. Hábito de niño bien. Así era. Eso representaba. Pero, 

Siempre aterrizamos en las preguntas que tal vez no respondamos jamás…

¿Los asesinos seriales nacen o se hacen?

Un padre desconocido. Una madre que aparentó ser hermana por muchos años, (también si se quiere víctima de las circunstancias).

Tal vez… La violencia en el hogar de crianza, Un amor no correspondido. No, no... No es la fórmula del crimen, no lo creo yo al menos, no sé ustedes. Pero desde mi perspectiva estos no son los materiales con los que se construye un criminal.

Se trata del universo de un ser humano esperpéntico, diría Valle Inclán.

Un monstruo con piel de cordero, enfermo psicopático, un manipulador, un mentiroso… Si, pero no, de ninguna manera alguien que haya tenido una sola causa de origen de su maldad.

Theodore Robert Cowell Bundy, el famoso Ted que sembró el pánico en las mujeres de su época, el personaje en el que se sostuvo la crónica policial, el ensayo literario, el cine documental y la ficción inspirada en la realidad.

Theodore Robert Cowell Bundy, el perverso que pensó en Dios cuando despertó luego de haber cometido su primer asesinato (según sus propias palabras).

 Aquella imagen no fue suficiente para sembrar la culpa y el arrepentimiento. Ese Dios, su Dios, no logró hacerle vencer el derrotero de furia, resentimiento y despecho que este sujeto tenía hacia las mujeres.

Sé que pueden pensar y argumentar que hay algo más que eso y estoy de acuerdo, los artículos, documentales, series, películas, libros y toda la memorabilía que este personaje ha inspirado a través de los años me confirman cada vez que reparo en él…

No existe mejor ejemplo de maldad pura, de incapacidad de empatía, de sadismo y de decadencia del ser humano que Ted Bundy.

 Redacción: Baldra Torres

 

jueves, 11 de febrero de 2021

La serie de Netflix acerca de Elisa Lam

 




Casi siempre cuando de series, ya sea de Netflix, Prime o cualquier empresa se trata, tengo mis personales reservas.

Si se trata de un tema de crimen real, o si se apunta hacia una cuestión que engloba complejidades misteriosas.

Pero esta vez, creo que la experiencia resultó además de interesante, buena, informativa y satisfactoria.

La historia de la desaparición y posterior descubrimiento del cadáver de Elisa Lam, llegó a la pantalla de Netflix este miércoles y generó revuelo por desentrañar el misterioso caso que en 2013 dio la vuelta al mundo y generó teorías desde conspirativas hasta detectivescas, lo mismo que un furor extra, debido a que la historia sucedió precisamente en el legendario Hotel Cecil, famoso por sus historias extrañas y personajes enigmáticos que de alguna manera estuvieron relacionados a él.

Desde el mismísimo Richard Ramírez (El acosador nocturno), hasta la bellísima y desafortunada Elizabeth Short (La Dalia Negra).

La historia se volvió viral en 2013 por un video que la policía revelara y que mostró a la víctima minutos antes de desaparecer.

Desde ese momento todos sabemos que ya tiene un punto de inflexión.


Lo interesante del documental, radica precisamente en que además de la narración de hechos ya conocidos, afronta de manera imparcial, las visiones de diversos personajes y protagonistas de la historia.

Todos sabemos que en el inicio todos vimos (o quisimos ver), desde una perspectiva misteriosa.

El miedo y preocupación genuinos, la simpatía que desde el principio despertó en la mayoría esta chica de 21 años atrapada en esta terrible circunstancia. Nos mantuvo en vilo hasta el descubrimiento de su cadáver. Lo que después ocurrió no solo cambió la vida de su familia, pero como pudimos ver, también la de muchos involucrados, en los que personalmente, yo misma no había reparado.

Aunque conocí el caso desde el principio y siempre me interesó su desarrollo, nunca lo investigué a fondo lo confieso.

Me había quedado como la mayoría (creo yo), con la mejor versión… La del morbo conspirativo.

Sin embargo, cabe aclarar que hay muchas cuestiones que considero han sido por demás interesante saber.

De principio, el análisis a fondo de la condición psicológica de Elisa, su personalidad que para nada pudiera dirigir la investigación hacia un posible suicidio, pero si a la considerable situación de stress y su patrón de conducta.

Por otro lado, la nada imposible teoría de que sus medicamentos y orientación emocional hubiera estado en primera causa.

Las cuestiones externas que también juegan un papel importante.

La ralentización del video, aunado a la circunstancia psicológica, deja (al parecer), sin lugar a duda un signo de interrogación inmenso.

Y salva de algún modo la confusión del examen forense que de principio generó tanta duda.

Para finalizar, debo decir que rescato también de esta serie, el darle a Elisa la dimensión de víctima y de ser humano excepcional. De una chica que luchó por ser y tener una vida dentro de su circunstancia médica ¨normales¨, que tenía sin lugar a duda un futuro prometedor y una personalidad de luz. Que simplemente fue víctima de las circunstancias y el entorno. (De ese nos ocuparemos en otra nota), pero que nos ayudó a visualizar las dimensiones de muchas cuestiones que hoy vale la pena poner en cuestionamiento.

Elisa Lam, era hija de emigrantes de Hong Kong en las afueras de Vancouver, Canadá. Había sido diagnosticada con trastorno bipolar y depresión. Pero fuera de eso, tuvo en la vida de muchos de nosotros un papel importante. Nos enseñó que la empatía es real y aún existe, y que la capacidad de las redes sociales a veces puede rebasar (y no debe), la capacidad del ser humano de construir y destruir.

En paz descanse Elisa Lam, y que su familia encuentre la paz y la serenidad que necesitamos todos aquellos que sabemos lo que es la pérdida de un ser amado.

Al final… Todo se redujo a eso.

 

Redacción: Baldra Torres

martes, 9 de febrero de 2021

¿Será que nuestra fascinación con crímenes reales es un problema psicológico?

 


Desde los antiquísimos "Forensic Files", hasta las nuevas series de Netflix, como la muy recomendable "The mind of Aaron Hernandez", un deportista excelente con un futuro prometedor que eligió asesinar en lugar de tener una vida envidiable ... Levanto la mano y lo reconozco, soy una adicta.


Por razones que ni yo misma puedo entender, los documentales sobre crímenes se han convertido en mi opción automática para relajarme, pasar de largo en la cotidianidad y también para el análisis de muchos de mis cuestionamientos profundos.


Comprendo que para muchos fans del "true crime" esas expectativas son diferentes.

Pero lo mejor de esto es que no soy la única, hay muchos y mejor entendidos que yo en este mundo oscuro.

Algunos psicólogos advierten del riesgo de glorificar a asesinos infames y de olvidarnos de sus víctimas con esas transmisiones, algunos mas osados ​​señalan que existen riesgos de "contagio", de ideas y conductas ... Otros han acusado a los programadores de estas series o programas de ser selectivos con la evidencia que presentan. Pero ...


¿Será que nuestra fascinación con crímenes reales es problemática?



A decir de la psicóloga británica Emma Kenny, que frecuentemente aparece en los documentales sobre crimen, concuerda que tenemos una tendencia al ser "fisgones" con atracción por el lado más oscuro de las cosas.


Ella señala de la prevalencia del crimen y el horror en otras formas de entretenimiento, incluyendo los dramas que vemos y los libros que leemos.


Emma Kenny dice que ver shows, series, documentales de crimen puede disparar reacciones químicas en nuestro cuerpo mientras miramos, al tiempo que reafirmamos nuestros puntos de vista morales sobre lo que está bien y lo que está mal.


Explica que el interés en el género no es para nada malo, pero hace una advertencia a las personas, incluyéndome a mí, contra ver demasiado de esto.


"Creo que para cualquier persona que vea este tipo de cosas, de veras debe saber por qué lo está mirando, me parece. Porque no vas a querer insensibilizarte demasiado",


"Es mejor pasar la vida en torno a personas buenas que hace cosas buenas, exponiéndote a lo mejor que tiene el mundo para ti ... nunca deberíamos perder la sensibilidad ante el horror".


Yo en verdad opino que es cuestión de gustos y medidas de precaución. Nunca he tenido más clara la diferencia entre una mente enferma y una cotidianidad en gustos y selecciones.


Pero si para otros la advertencia sirve ... Yo lo dejo a tu criterio. ¿Qué opinas?




Redacción: Baldra Torres

lunes, 8 de febrero de 2021

Jeffrey Dahmer era fanático de "Stars Wars" (La guerra de las galaxias)

El Emperador Palpatine, conocido también como Darth Sidious, es uno de los Sith más poderosos de la historia.


Ascendió al poder ocultando sus verdaderas intenciones al mismísimo Consejo Jedi, y se hizo con el control de la galaxia, creando a Darth Vader, creando el Imperio, y sometiendo a todo aquel que osara cuestionar su poder.

Lo que no contaba la trilogía original, pero sí que dejó entrever la trilogía de precuelas y el universo expandido de libros y cómics, es que Palpatine, como todo Sith, tuvo un maestro: Darth Plagueis, el Sabio. Lucas, el creador de la historia, nos lo contó  en 'La venganza de los Sith': un caballero Sith capaz de burlar a la muerte e incluso influir en los midiclorianos para crear vida.


Palpatine aprendió dicho poder, asesinó a su maestro y se sirvió de ello para, no solo burlar a la muerte, sino crear vida a su antojo. 

Este singular personaje imaginado, era el favorito de Jeffrey Dahmer, “El carnicero de Milwaukee”.

Jeffrey sentía auténtico placer viendo el interior de un cuerpo humano. Le excitaba sobremanera despedazar y masturbarse sobre él. Pero más tarde todo escaló de manera increíble. Al punto de que ya no solo era una cuestión fetichista, si no poder y control absoluto.

Cada crimen tenía un fin en sí mismo: dominar completamente a sus víctimas. Como lo hacía el Emperador Palpatine en el Retorno del Jedi de ‘La Guerra de las Galaxias’.

Su admirado personaje era malo, corrupto, poderoso y tenía la capacidad de usar poderes especiales para gobernar a otros. Y Jeff se identificó de forma exacerbada con él.


Palpatine, que encarnaba a la perfección su fantasía de poseer control absoluto ( Jeffrey hasta se compró unas lentillas amarillas parecidas a las que llevaba en las películas).

 Y en el delirante centro de poder que proyectaba, las lámparas de globos azules que lo iluminarían tenían que dotar al ambiente de «una atmósfera misteriosa y oscura (…) como en las películas del jedi».

 

Supongo que todos coincidiremos en que alguien que idolatra la trilogía de los Stars Wars, (me incluyo), tiene una cierta patología cinéfila… Pero que además sea un depravado asesino lo deja a uno intranquilo puesto que despierta la sospecha de que cualquiera que tenga de avatar a Darth Vader o Han Solo podría ser un necrófilo antropófago.

¿Se le pueden poner a uno los pelos de punta no lo creen?

Tal vez… La vida era mucho más fácil cuando nos convencían de que los homicidas jugaban al rol o eran simplemente adictos a los videojuegos.

Redacción:

Baldra Torres

La diferencia entre un "asesino serial", y un "asesino en masa"

 ¿Por qué alguien mata? Por qué lo hace dos, tres o más veces, con un mismo patrón de conducta. ¿Es el robo un motivo suficiente? Cuando un asesino en serie actúa, la sociedad se siente sacudida por lo inexplicable, y los expertos en violencia y comportamientos humanos buscan respuestas. (García y Álvarez, 2006)




El fenómeno humano y social del asesino en serie es algo muy complejo que resulta difícil de definir. No obstante, para enfocar con cierta claridad la figura del asesino en serie en los textos del discurso de la prensa, tenemos que plantear primero el concepto o la definición del asesino en serie.

Para observar las características de esta clase de asesinos (aunque cada asesino concreto constituya un fenómeno particular con características propias), conviene también presentar algunas de las tipologías trazadas por los expertos. Siguiendo, en primer lugar, a Eric Hickey (Serial Murderers and Their Victims, 1986), se debe trazar una clara diferencia entre el “asesino de masas” y el “asesino en serie”.

Ambos causan un número más o menos elevado de víctimas, pero la manera de actuar es muy diferente. El asesino de masas mata a un grupo de personas en un breve espacio de tiempo y en un lugar específico (una escuela, un parque, una calle, una tienda, una vivienda, etc.).


El asesino en serie va cambiando de lugar y escoge sus víctimas (normalmente una cada vez) en momentos más o menos distantes (pudiendo pasar semanas, meses o incluso años entre un crimen y el siguiente). Por otro lado, el asesino de masas suele ser liquidado por la policía, se suicida o se entrega después de su actividad mortífera. Mientras que el asesino en serie opera de una manera oculta y se esconde de la persecución de la policía. Puede transcurrir mucho tiempo hasta que es detenido. Puede llegar incluso a desaparecer sin lograr ser detenido y morir de muerte natural .

El asesino de masas actúa normalmente por un arrebato de locura buscando una “venganza” ante una situación de supuesto desprecio, abuso o marginación. El asesino en serie, en cambio, suele actuar planificando meticulosamente su asesinato, procurando no dejar pistas y escapando lo más pronto posible.

 

Si pasamos ahora a precisar el concepto de “asesino en serie”, podríamos partir de un esquema más o menos estereotipado que proviene de los medios policiales y que ha entrado a formar parte del imaginario colectivo tras haberse popularizado a través del cine, de los seriales de televisión y de las novelas policíacas. Según este esquema, el asesino en serie se identifica normalmente con un agresor masculino que, impulsado por obsesiones de carácter sexual (traumas, frustraciones, etc.), decide violar y matar a mujeres o a muchachos jóvenes, incluso a niños, siguiendo un plan determinado de actuación con el que pretende burlar la persecución de la policía. Los medios sensacionalistas contribuyen a difundir este esquema dramatizándolo al máximo y haciendo del asesino en serie una figura monstruosa y perversa que mata a sus víctimas de una manera brutal o de una manera controlada para satisfacer sus obsesiones, y para causar terror y espanto entre determinados sectores de la población de una ciudad o de una región.

 


Esta concepción estereotipada del asesino en serie que comete sus crímenes por motivos sexuales, no es siempre real ni aceptable, porque también existen asesinos en serie “silenciosos” que actúan de una manera solapada y oculta sin ejercer ninguna violencia sanguinaria movidos por otras motivaciones y persiguiendo otro tipo de objetivos. Aquí podemos situar, por ejemplo, a las “viudas negras” que envenenan o hacen desaparecer a sus maridos para convertirse en herederas de sus bienes. Hay que incluir igualmente a las personas que se ocupan de cuidar ancianos y que, una vez que se han ganado su confianza, los eliminan simulando una muerte natural, para obtener su herencia o su dinero. Los asesinos de ancianos pueden ser también médicos o enfermeras que actúan en los hospitales. La eliminación puede deberse a motivos “humanitarios” (para acabar con una dolorosa enfermedad, por ejemplo).

 

Debemos proponer, por lo tanto, una definición más general y más abierta. Será llamado asesino en serie el hombre o la mujer que durante un espacio de tiempo más o menos largo ha matado un mínimo de tres o cuatro víctimas impulsado por motivaciones de tipo diverso.

 Los crímenes cometidos suelen presentar normalmente uno o varios puntos en común, ya sea porque el asesino escoge el mismo tipo de víctimas, o emplea un método parecido, o ya sea porque el móvil de sus crímenes es siempre el mismo. El lugar donde cometen los crímenes puede ser un barrio o una ciudad determinada, o también un país o varios países por donde el asesino va viajando para buscar nuevas víctimas y escapar de la persecución policial.

 

Redacción:

Baldra Torres


Asesinos Múltiples y Otros Depredadores Sociales: Una Reseña Crítica

  Asesinos Múltiples y Otros Depredadores Sociales, escrito por el psicólogo criminalista Vicente Garrido Genovés, ofrece una mirada profund...