lunes, 8 de febrero de 2021

Jeffrey Dahmer era fanático de "Stars Wars" (La guerra de las galaxias)

El Emperador Palpatine, conocido también como Darth Sidious, es uno de los Sith más poderosos de la historia.


Ascendió al poder ocultando sus verdaderas intenciones al mismísimo Consejo Jedi, y se hizo con el control de la galaxia, creando a Darth Vader, creando el Imperio, y sometiendo a todo aquel que osara cuestionar su poder.

Lo que no contaba la trilogía original, pero sí que dejó entrever la trilogía de precuelas y el universo expandido de libros y cómics, es que Palpatine, como todo Sith, tuvo un maestro: Darth Plagueis, el Sabio. Lucas, el creador de la historia, nos lo contó  en 'La venganza de los Sith': un caballero Sith capaz de burlar a la muerte e incluso influir en los midiclorianos para crear vida.


Palpatine aprendió dicho poder, asesinó a su maestro y se sirvió de ello para, no solo burlar a la muerte, sino crear vida a su antojo. 

Este singular personaje imaginado, era el favorito de Jeffrey Dahmer, “El carnicero de Milwaukee”.

Jeffrey sentía auténtico placer viendo el interior de un cuerpo humano. Le excitaba sobremanera despedazar y masturbarse sobre él. Pero más tarde todo escaló de manera increíble. Al punto de que ya no solo era una cuestión fetichista, si no poder y control absoluto.

Cada crimen tenía un fin en sí mismo: dominar completamente a sus víctimas. Como lo hacía el Emperador Palpatine en el Retorno del Jedi de ‘La Guerra de las Galaxias’.

Su admirado personaje era malo, corrupto, poderoso y tenía la capacidad de usar poderes especiales para gobernar a otros. Y Jeff se identificó de forma exacerbada con él.


Palpatine, que encarnaba a la perfección su fantasía de poseer control absoluto ( Jeffrey hasta se compró unas lentillas amarillas parecidas a las que llevaba en las películas).

 Y en el delirante centro de poder que proyectaba, las lámparas de globos azules que lo iluminarían tenían que dotar al ambiente de «una atmósfera misteriosa y oscura (…) como en las películas del jedi».

 

Supongo que todos coincidiremos en que alguien que idolatra la trilogía de los Stars Wars, (me incluyo), tiene una cierta patología cinéfila… Pero que además sea un depravado asesino lo deja a uno intranquilo puesto que despierta la sospecha de que cualquiera que tenga de avatar a Darth Vader o Han Solo podría ser un necrófilo antropófago.

¿Se le pueden poner a uno los pelos de punta no lo creen?

Tal vez… La vida era mucho más fácil cuando nos convencían de que los homicidas jugaban al rol o eran simplemente adictos a los videojuegos.

Redacción:

Baldra Torres

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